JORGE CABEZAS, pintor figurativo
Grandes dosis de disciplina aderezada con rock and roll. Es la receta que emplea el pintor coruñés Jorge Cabezas en su trabajo. Varios cientos de creaciones y una carrera de quince años con epicentro en A Coruña, con carrete para rato.
—¿Se puede vivir de la pintura en Galicia?
—Se puede y bastante bien. Yo lo hago desde los 19 años en exclusiva, y no me va mal.
—¿Entonces no es cierto eso de que el mercado anda flojo?
—El mercado del arte aquí está bastante bien, aunque hay quien piensa que está sobrevalorado. El negocio está en manos sobre todo de las galerías, que son las que mueven las colecciones y se cambian los cuadros como cromos. Las galerías se quedan del 40 al 50% del negocio, pero no me parece mucho cuando existe una buena implicación con el trabajo.
—¿Cuánto hay que rascarse el bolsillo para tener un cuadro tuyo?
—Entre cinco mil pesetas y dos millones. Bueno..., de cinco mil ya no, pero sí a partir de cien mil pesetas hay cosas mías, dependiendo del formato y el trabajo.
—¿Cuál es el perfil de los clientes interesados en tu obra?
—Hay de todo. Muchas veces tampoco sé quién compra, y francamente me da igual. Pero sí que hay gente entendida en arte y otros como el típico abogado que no tiene ni pajolera pero lo ha visto en una oficina y quiere un cuadro para su bufete.
—¿Cuáles son tus influencias?
—No tengo influencias. He copiado con todo el morro. De hecho, me plagio a mí mismo. Pero sí que hay nombres a los que admiro y de los que he aprendido como Tapiès, Barceló, Woody Allen...
—¿Ha pagado alguna vez con un cuadro?
—Sí, claro. He cambiado un cuadro por un sofá, por un jamón de jabugo, por cuentas en los bares...
—¿Y por un alquiler?
—No.